En el 2018 vendía alfajores en Playa Bonita, hoy tiene su propia marca en Canadá
Micaela García, se mudó a Bariloche en el 2018. Llegó con su titulo de licenciada en psicopedagogía, pero aún no estaba habilitada para ejercer. Esos primeros años en la ciudad se generó ingresos dando clases particulares y, al recordar recetas que con ella había compartido su tía, se decidió a vender alfajores en playa Bonita. No imaginaba entonces que eso sería un paso inicial para una determinación de vida que la tiene desarrollando su propio emprendimiento en otro hemisferio.

Luego de ejercer como psicopedagoga en algunos colegios de la ciudad, en el Siglo XXI por ejemplo, desde hace algo más de tres años su vida familiar continuó en Canadá. Junto a su pareja vivió primero en Burlington y desde hace un tiempo en Paris, Ontario. A una hora y media de viaje de Toronto.
Como muchos inmigrantes, debió trabajar en actividades diversas, que no estaban relacionadas con su formación profesional. Trabajó en un pequeño supermercado y en algunas cafeterías. Volvió a la cocina y la repostería, impulsada principalmente por la nostalgia. Para consumir sabores que no estaban a disposición allí. Hasta que un día, una compañera de trabajo de nacionalidad peruana, le encargó unos alfajores y entendió que a lo mejor podría transformar aquel impulso en una idea comercial.
En diálogo con Radio Seis relató “empecé a experimentar. A probar recetas que antes no había realizado, como el alfajor marplatense y fue probando ampliar las opciones. Tuve que aprender a cumplir con todos los pasos formales que se requieren aquí para oficializar un emprendimiento. Fuimos creciendo y desde octubre del 2025, me dedico solo a esto”.
La principal dificultad logística es que no se puede cocinar en un domicilio particular “te piden que se elabore todo en una cocina inspeccionada. Entonces está la posibilidad de alquilar una cocina habilitada. Vamos y cocinamos todo. Después hay que registrar el nombre, se llama “Argento alfajores”. Y recién ahí estás en condiciones de comercializar. Ya hay cafeterías que los sumaron a su carta de opciones y participamos de ferias para presentar el producto”. Luego relató que están próximos a inaugurar su propio local en un espacio comercial que contiene a diferentes rubros.
Una de las cosas de la que sostiene sentirse orgullosa es que ha logrado que utilicen el término alfajor “a veces lo pronuncian alfashor, pero ha logrado que adopten la denominación. Al principio los describían como sandwich cookie, pero de a poco adoptan la terminología. Luego agregan la frase argentine treat”. La palabra treat suele ser utilizada como “treat food” cuya traducción aproximada seria comida de capricho o golosina.
Adaptarse a los sabores propios
Les sucede a los inmigrantes que incursionan en diferentes países en el universo de la gastronomía, que deban adaptar las recetas de origen a los sabores que resultan familiares a los potenciales compradores. Micaela relató que tuvo que hacerlo. Utilizando por ejemplo a la mantequilla de maní, en reemplazo del dulce de leche. “Tuve que probar varios productos, en parte debido a la dificultad de acceder al dulce de leche. Aparte de la mantequilla de maní, incorporamos la nutella y una mermelada de frutos rojos que aquí es muy tradicional. También elaboré con pistacho y con unas galletitas muy consumidas aquí llamadas biscoff. Sin embargo,
relató que el producto más pedido es el alfajor de maicena, aun cuando la maicena es un producto muy poco utilizado en la cocina canadiense. También mencionó que utilizó un endulzante muy tradicional canadiense, que es el jarabe de maple, también llamado sirope de arce, para trabajar el sabor de la masa. Resultó muy bien,
pero no lo ha vuelto a utilizar.
La odisea del dulce de leche
Conseguir dulce de leche en Canadá no es simple. Así relato la experiencia “Había una marca canadiense. No es igual a nuestro dulce de leche, tiene un sabor que se aproxima más al del caramelo. Además no es dulce de leche repostero, entonces tenía que hacerle un proceso para que se pareciera, pero llevaba mucho tiempo. Aparte no era un producto masivo, cuando había en el supermercado, nos los comprábamos todo con mi marido”.
Desde septiembre del año pasado la situación se solucionó en parte “En Quebec hay un mercado latino, para la colonia más numerosa. No nos queda cerca, pero en la cadena Cotsco encontramos el dulce de leche Vacalin. Mientras siga llegando nos facilita mucho la producción, a pesar que no nos queda tan cerca”.
También probó el sistema que muchos inmigrantes argentinos en el mundo difunden, de darle cocción a la leche condensada. Pero describió que el proceso es muy lento y que, la consistencia que se logra es más un caramelo que un dulce de leche.
El impulso de la nostalgia, convirtió a una idea que intentaba rescatar sabores con los que la distancia no pudo, en una idea que permite crecer, proyectarse y contar quienes somos. Incluso estando lejos.
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