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Hospital de Área Programa El Bolsón, año 1997.

Hacia unos meses que nos  habíamos trasladado a esa mágica ciudad, y yo cumplía funciones en esa Institución.

De allí derivan los casos particulares para  Bariloche,  ya que ellos tenían la misma Complejidad( IV B) que tiene hoy nuestro Hospital de San Antonio, y tienen casi la misma distancia que de acá a Viedma. 

Allá el Hospital estaba dividido por servicios. 

Sala de Hombres , Sala de Mujeres, Pediatría, Emergencias  y la Unidad de Cuidados Intermedios.

Yo pertenecía a Sala de Mujeres, allí estaba diagramada.

Éramos dos Enfermeras en el turno, y eso me daba bastante tranquilidad. 

Luego de recibir el cambio de guardia, esa tarde, nos dispusimos leer todas las historias clínicas de las personas internadas, como actividad de rutina en cada servicio. 

Comenzamos a controlar los signos vitales. Siempre mujeres , pero ingresadas por de distintas especialidades .De toco ginecología (embarazadas, puérperas, y otros casos )  de Clínica Médica, de Cirugía, de Salud Mental, de Traumatología y algún caso Social que solía haber cada tanto.

Ese día nos ingresan desde Guardia, a una joven de 30 años, que había sufrido un accidente.

Se había caído del caballo y se había fracturado en una de sus piernas, la tibia y el  peroné. Ya traía las placas radiográficas que le habían hecho al ingreso, tras ser traída en ambulancia.

A pesar de haberle colocado analgésicos y antiinflamatorios por la vía parenteral, se quejaba muchísimo de dolor. 

Se veía a simple vista en la radiografía, que ambos huesos no solo estaban rotos y desplazados, sino que era una fractura expuesta. Uno de los huesos había salido de su piel.

Era todo el tiempo estar asistiendo hasta que se la preparara para su ingreso al quirófano. 

Si bien en Guardia recibió la atención ante la emergencia, pero debíamos, controlar continuamente sus signos vitales, cambiar los vendajes, porque se manchaban mucho y muy seguido, por el sangrado de su herida.

Al retirar los apósitos para cambiarlos, se veía como el hueso que salía al exterior presentaba varias astillas, fragmentos del mismo, que sobresalían y le provocaban gran dolor.  

Quedaba higienizarla,  vestirla con la ropa adecuada, darle apoyo emocional, para que pueda entrar más calmada.  

Lloraba muchísimo. Una mujer sola, sin familia allí. 

Extranjera, con dificultad para hablar castellano. 

Había llegado hacia muy poco tiempo a vivir a ese lugar, y supe después que ya lo había elegido como su lugar en el mundo, desde que vino una vez como turista en vacaciones.

Su aspecto físico, mostraban su fragilidad y su sensibilidad para afrontar la situación que estaba viviendo. Delgadita, de tez blanca, su miedo y su incertidumbre por el después, te daba mucha tristeza. 

Ese día hicimos un lazo entre Paciente/ Enfermera.

La llevé en camilla ,tomando  su mano hasta la puerta del quirófano. La veía tan desprotegida como vulnerable y débil 

Pronto llegó todo el Equipo, y la cirugía duró horas. 

No podía dejar de pensar en ella. 

Seguí con los demás pacientes y cuando sonó el timbre, fuimos con mi colega, a traerla desde el quirófano a su cama.

Portaba la férula de soporte y fijación externa, y por dentro le habían colocado clavos y placas para restaurar los huesos afectados .

Al poco tiempo volvieron a operarla nuevamente.

Pasaron muchos días, casi un mes, hasta que le dieron el alta con rehabilitación ambulatoria.

Muchas de mis compañeras también se encariñaron con ella. Le traíamos algo de nuestras casas para comer, y por ahí nos encargaba que le hagamos algún mandado.  

Cuando llegó el día de su alta, yo estaba justo en el turno mañana y la vi irse.

Le llevaría unos cuantos meses la recuperación, por la complejidad de su fractura. 

Agradecida, acongojada por lo que había sufrido, lo que había vivido, y en todo lo que le esperaba aun, pero ya estaría en su casa.

Nos cruzamos en la calle muchas veces. Ella en muletas yendo o viniendo de su rehabilitación. Nos dábamos un abrazo con gran afecto, cada vez que nos veíamos . 

Una chica muy amorosa y educada. Creo era francesa si mal no recuerdo.

Si hay algo que también nos queda y nos reconforta  el alma, es que más allá de las dolencias físicas y de enfocarnos a su recuperación, también es escuchar, poder animar, alentar y contener. 

Trabajar con esa necesidad humana emocional, es muy importante, para que esté equilibrada, y así poder  afrontar con éxito el tratamiento. 

Como Equipo, lo hicimos y eso es más que gratificante .

Me gustaría volver a verla porque seguro que a ella también le quedó grabada esa fuerte experiencia en su vida.

Autor: MABEL POBLETTE - LIC. EN ENFERMERIA