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Una de esas tardes de fin de semana, un domingo de marzo, año 1994 si mal no recuerdo , y de turno en el Puesto Sanitario de Ramos Mexia. 

Cuando llega al Pueblo la noticia, que en la zona rural hay fiestas de campo, es cuando uno queda atenta a cualquier contingencia o accidente que pudiese ocurrir. 

Es en esos lugares recónditos y desolados de la Línea Sur, donde las señaladas, las marcaciones, esquilas y otras actividades propias del campo, atraen a familias de lugares vecinos, y se organizan para pasar una jornada amena y familiar .

Esa tarde, ya cayendo el sol, ingresa al Puesto un jóven desesperado, manifestando que trae a un muchacho con varias heridas cortantes, que  viene acostado en su camioneta , que no puede caminar y sangra mucho.

De inmediato agarro la silla de ruedas y salgo al patio.

Él había estacionado en el predio del garage, entrada de ambulancias. 

Abro la puerta de atrás y veo al muchacho con muchísima sangre en su cabeza, rostro y ropa.

El asiento dónde venia acostado era literalmente una laguna. 

Lo ingreso rápidamente al consultorio, se quejaba mucho de dolor, mientras el otro jóven iba relatando lo sucedido. 

Refiere que se había armado una riña y con una botella lo habían cortado en varias partes. 

Llamo urgente al Médico por Handy y cuento la situación en síntesis.

Me coloco guantes y comienzo a verificar las heridas, que eran varias. 

Tenía un corte lineal en el cuero cabelludo de aproximadamente 10 cm, otro corte en la ceja derecha,  un corte desgarrado en el ante brazo y otro en la mano del mismo lado. 

Intuía que dónde había  intentado defenderse no podía y lo cortaban.

Estaba pálido, frío y sudoroso. Esos eran signos de descompensación, ya que habían viajado media hora aproximadamente, en esa condición. 

Si bien no era muy lejos, las heridas eran todas  profundas por lo que había perdido mucha sangre.

Llega el Médico e inmediatamente procede a interrogar, y a asistir al mismo tiempo.

Se pone guantes y busca la caja de suturas.

Yo comprimo la herida de la cabeza y posteriormente la de la ceja. El doctor Edgar comienza su trabajo.

Luego procedo a realizar hemostasia ( mecanismo para detener el sangrado) comprimo , hago un torniquete en el brazo por sobre el codo, para que me dé tiempo a frenar el sangrado, y vendar hasta que le suturen las heridas.

Las gasas se mojaban enseguida y casi no me daba tiempo. Traigo una toalla le hago compresión y le ato un guante por arriba.

El Médico ya había empezado a  inyectar anestesia en la zona del parietal y procede a unir la piel del corte.

Le tomo la tensión arterial y estaba a punto de sufrir un shock por la hemorragia. Valor: 50/30 mmHg.

Eso me indicaba que si no me apuraba ocurriría el colapso. 

Sus labios por momentos eran blancos y por momentos azulados, su piel fría, la frecuencia cardíaca se aceleraba y en su respiración notaba que  tendía como a roncar. 

En ese momento no podía ponerme a tomarle la temperatura corporal, ni a contarle la frecuencia respiratoria.

De sus signos vitales, solo tenía el valor de dos de ellos, que eran su pulso y presión. Con eso me era suficiente para la situación. Daba por hecho que tenía hipotermia tocando solo su piel. 

Le aviso al Doctor. Me indica colocar vía parenteral ( suero) de inmediato. 

Así lo hago. Rápidamente, coloco solución fisiológica a goteo libre ( a chorro como le decimos comúnmente). 

Entre cambiaba las compresas, apósitos, , toallas, todo lo que había puesto, escucho que el Médico me dice, cámbiate los guantes y ayúdame a suturar. 

De a ratos abría la puerta del consultorio y le informaba al jóven que esperaba sentado allí, lo que estábamos haciendo y que su amigo estaba tranquilo. 

Yo estaba toda manchada con sangre, era imposible no estarlo por la manera en que tanto el antebrazo como la mano, escurrían sangre.

Diga que yo a pesar de ser Auxiliar de Enfermería, había vivido experiencias en un quirófano de gran complejidad, y si bien nunca había suturado (porque no es función de Enfermería), creía poder hacerlo y tranquila.

Por primera vez procedo a colocar la anestesia en la herida del brazo, que era la más profunda. 

Mientras enebro la aguja con  el hilo especial, comienzo a realizar alrededor de 10/12 puntos. No recuerdo exacto, pero eran muchos. 

El Doctor ya estaba cerrando  la herida de la ceja, había colocado también muchos puntos en el cuero cabelludo, y todo eso le llevó casi una hora o más. 

Mientras tanto, al estar pasándole las soluciones de sueros en forma rápida, hacían que el paciente se mantenga en parámetros bajos aún, pero  sin riesgos de sufrir una hipovolemia o shock con riesgo de vida.

Terminé con el antebrazo y el médico continuó cerrando ahora, el corte de la mano. Allí entre los dos lo hicimos más rápido. 

Desde que el paciente ingresó hasta terminar el último punto en sus heridas , habían pasado más de dos horas. 

Nadie supo lo que ocurría allí adentro. Solo nosotros, el paciente y el jóven que lo trajo. 

No vino nadie por atención o si vinieron no los vimos. Fueron más de 2 hrs adentro de un consultorio cuidando al paciente, ayudando y colaborando.

El Médico me indicó dejarlo allí en observación ( en ese entonces contábamos con una cama para casos especiales ) ya que cuando sufren traumatismos de cráneo, pueden presentar signos y/o síntomas físicos, emocionales o de otra índole, y éstos requieren otra atención más compleja.

Es por eso que siempre , cuando hay un traumatismo de cráneo, (o golpe en la cabeza como comúnmente decimos) se observa y vigila el sueño. No porque no pueda dormir, sino que ese estado del sueño y su despertar, deben ser normales. 

El Doctor le haría de todas maneras una derivación al Hospital de cabecera. Le hizo las órdenes de radiografías, para verificar que no existan fisuras o fracturas y de análisis para saber si su pérdida de sangre, no modificó mucho sus valores en el Hematocrito ( mide la concentración de glóbulos rojos) y pueda necesitar una transfusión. 

Hoy pienso que hubiera podido hacer más cosas para cuidar a esa persona, evitando ese cuadro, como taparlo con una manta, sumergir un rato los sueros en agua caliente y colocarlos tibios, elevarle los pies, algo más.

Pero tampoco me daba tiempo para pensar mucho, además que me faltaba experiencia.

Esa tarde noche ya, nos miramos exhaustos y si bien el Doctor era de pocas palabras, nos quedaba la satisfacción de haber logrado compensar al paciente, y cerrar todas sus heridas sin complicaciones aparentes . 

Hoy en día esas prácticas como suturar y anestesiar, entre otras, están prohibidas por la Ley de Enfermería. 

En su momento también sabíamos que no era competencia nuestra, y hoy todo eso ya está regulado.

Nos queda reflexionar que cuando surgen este tipo de casos en una zona inhóspita, lejos de todo y con lo básico, sólo sabes que tenés que actuar porque hay riesgo de vida y todos hemos hecho un juramento.

Autor: MABEL POBLETE - LICENCIADA EN ENFERMERIA