El legado que dejó la pesca y el nuevo entusiasmo que empieza a aparecer en la Patagonia
La conversación con Agustín de la Fuente, presidente de la Cámara Argentina Patagónica de Industrias Pesqueras (CAPIP), se movió por una idea que atraviesa generaciones: la pesca patagónica no llegó hasta acá por casualidad, sino por una cadena de decisiones que mezclaron riesgo, visión y trabajo sostenido. En #LA17, el dirigente reivindicó a quienes empujaron la actividad cuando todavía era una apuesta incierta, y planteó que ese recorrido explica por qué hoy la industria aparece como uno de los motores productivos más relevantes de la región.
De la Fuente puso en primer plano el carácter pionero de los referentes que instalaron la pesca como industria y no como un hecho aislado del puerto, como es el caso de Héctor "Pepe" Castro: “Han sido visionarios y aventureros, porque en esa época hablar del sector pesquero, tratar de generar toda una capacidad industrial, era una gran aventura”, sostuvo, al reconstruir ese origen que, según remarcó, exigió pasión y perseverancia en años donde el respaldo institucional y la visibilidad pública no siempre acompañaban. En esa memoria colectiva ubicó también la importancia de contar la actividad y darle voz, para que el mar forme parte de la conversación cotidiana.
Esa mirada histórica, lejos de quedarse en la nostalgia, le sirvió para subrayar el lugar actual de la pesca en la Patagonia. El presidente de CAPIP describió al sector como uno de los pilares productivos, no solo por el volumen de empleo y movimiento económico, sino por su capacidad de sostener una agenda diaria que atraviesa ciudades enteras. En su lectura, la pesca requiere ser escuchada y entendida con un criterio más amplio: no como un tema de coyuntura, sino como una estructura que define identidad, trabajo y proyección regional.
En ese punto, De la Fuente insistió en que la industria no puede medirse únicamente por números. “La industria no es solo una cuestión económica, es un valor agregado que le da a la cuestión social y es importantísimo”, afirmó, y explicó que el impacto se expresa en lo cotidiano: familias que dependen del empleo, barrios que se organizan alrededor de turnos, comercios que funcionan por la dinámica del puerto y una red de oficios que se sostiene por la actividad. Desde esa lógica, sostuvo que la pesca también cumple una función comunitaria que no siempre se reconoce en el debate público.
La entrevista también sumó un diagnóstico sobre el clima político y social que atraviesa a la Argentina y que, según planteó, condiciona cualquier planificación a largo plazo. De la Fuente pidió gestos concretos para bajar tensiones y construir acuerdos, con una mirada que trasciende a la pesca pero la incluye como parte de un entramado productivo que necesita previsibilidad. “La demanda social y sobre todo familiar es vivir un poco más en paz”, expresó, y señaló que el camino institucional aparece como una salida frente a una sociedad cansada de discusiones permanentes y disputas que, en su visión, desgastan.
En esa misma línea, vinculó el llamado al acuerdo con el momento productivo del sector, que describió con indicadores positivos en especies clave. Mencionó que la pesca muestra buenos números en langostino y también en calamar, que “está haciendo mucho ruido”, y planteó que ese rendimiento debería volcarse en beneficios que se traduzcan más allá del circuito empresario. La idea, según expresó, es que una buena temporada no quede encerrada en muelles y balances, sino que tenga un derrame real en la vida de las comunidades.
Finalmente, el dirigente dejó una observación crítica sobre el modo en que algunos niveles del Estado se vinculaban con la actividad. Sin apuntar a nombres propios, cuestionó que existían funcionarios que conocen la pesca “por papeles” y no por experiencia directa, y sugirió que esa distancia explica errores de diagnóstico y decisiones desajustadas. Para De la Fuente, si el sector pretende ocupar el lugar que dice tener, también necesita exigir un debate informado, con dirigentes públicos que comprendan el valor económico y humano del mar, no solo su costado administrativo.
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