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La pesca sigue sin fecha de arranque y el freno ya no se explica sólo por una discusión sectorial entre cámaras y gremios. Agustín de la Fuente, presidente de CAPIP, planteó en el programa "El Quinto Poder" por #LA17 que el problema de fondo pasa por la viabilidad de toda la actividad y advirtió que, en las condiciones actuales, salir a navegar no ordena la crisis sino que puede profundizarla. La definición dejó al descubierto un punto sensible del conflicto: la discusión no gira únicamente sobre salarios, sino sobre si hoy el negocio puede sostenerse sin romperse todavía más.

De la Fuente reconoció que no puede dar “buenas noticias” ni certezas sobre una salida inmediata al mar. Explicó que las presentaciones formales ante la Secretaría de Trabajo de la Nación están hechas desde el 20 de febrero, aunque las conversaciones con las distintas partes de la tripulación habían empezado antes, desde enero. En ese marco, describió una negociación que se estira entre reuniones diarias, propuestas cruzadas y una dificultad central: “estamos tratando obviamente de adecuar un negocio que está difícil”.

El eje que la cámara empresaria busca instalar corre el foco de una salida rápida y lo lleva hacia una reformulación más amplia. De la Fuente insistió en que no están pidiendo un arreglo transitorio ni una solución para pasar el momento, sino un esquema que permita monitorear de manera permanente variables como las resoluciones de Aduana y los promedios de exportación. Desde esa mirada, el deterioro no nació esta semana ni se corrige con una firma apurada: el mercado cambió, el mundo se volvió más volátil y los precios referenciales con los que se trabajaba quedaron viejos para la lógica actual del negocio.

Esa posición también busca responder a un reclamo que empezó a crecer entre sectores que piden salir a pescar mientras la negociación sigue abierta. Sobre esa presión, el presidente de CAPIP fue terminante y rechazó la idea de largar primero para acomodar después. Lo resumió con una frase que apunta al corazón del conflicto: “no es solo salir a navegar y pescar y después acomodamos la ropa en el camino”, porque antes hay que dejar reglas claras para que la actividad sea viable y para que las responsabilidades empresarias, entre ellas el pago de salarios, puedan sostenerse sin entrar otra vez en una rueda inviable.

Dentro de ese cuadro, la cámara ve matices entre los gremios y no una sola postura homogénea en toda la tripulación. De la Fuente señaló que Siconara y la Asociación de Capitanes muestran una actitud más cercana a un entendimiento y que con esos sectores aparecen más coincidencias para avanzar. Distinto es el caso de Maquinistas, con quienes todavía no hay ningún acuerdo suscripto, un dato que muestra que la mesa sigue fragmentada y que el mapa gremial no se mueve al mismo ritmo en todos los frentes.

El empresario también trazó una comparación con 2025 para marcar una diferencia en el clima de las conversaciones. Recordó que el año pasado la relación estaba tan deteriorada que ni siquiera podían compartir una misma sala de reuniones y defendió que ahora, aun con posiciones distantes, hay un piso mayor de diálogo y respeto. Esa observación no aparece como un detalle menor, porque la cámara intenta mostrar que la negociación actual, aunque no cierre, al menos se desarrolla en un marco menos roto que el de la temporada pasada, cuando el conflicto también terminó golpeando a todos.

En esa reconstrucción, De la Fuente afirmó que en 2025 “a nadie le fue bien” y usó esa experiencia como argumento para evitar otra salida defectuosa. Dijo que el sector necesita construir una matriz productiva que siga sirviendo a la región y remarcó que el diálogo debe sostenerse incluso cuando suben la temperatura y los intereses chocan. La frase no fue casual: funcionó como una advertencia hacia adentro de toda la cadena pesquera, en un momento en que crece la ansiedad por volver al agua pero nadie puede asegurar todavía bajo qué condiciones concretas podría hacerse.

Sobre el papel de la Nación, el dirigente explicó que el área laboral monitorea la situación y mantiene contacto con las partes, aunque esta vez no aparece con el nivel de intervención forzada que tuvo durante el conflicto del año pasado. También mencionó que el Consejo Federal Pesquero tenía reunión previa a la Feria de Barcelona, una referencia que vuelve a mostrar que la crisis del langostino no se mueve aislada del resto de las discusiones del sector. En paralelo, buscó bajar interpretaciones apresuradas sobre barcos que ya están en el agua y aclaró que algunas tareas responden a actividades exploratorias o a otras pesquerías, como merluza o calamar, por lo que no deben confundirse con una reapertura encubierta de la temporada de langostino.

La voluntad de trabajar aparece, según De la Fuente, en todos los actores, incluso en quienes empiezan a exteriorizarla por fuera de los canales colectivos tradicionales. Para el presidente de CAPIP, esa presión existe, es comprensible y expresa una necesidad laboral real, pero no cambia la cuenta central que hoy traba el arranque. Por eso, aunque rechazó cualquier tono apocalíptico, también dejó en claro que la temporada no se desbloqueará por cansancio ni por deseo, sino cuando el sector logre acercarse en propuestas que hoy siguen demasiado lejos, sobre todo con la marinería.

El mensaje final de la entrevista quedó apoyado en esa tensión. CAPIP no da la temporada por perdida, recordó que en 2025 la última firma con el SOMO llegó recién el 1 de agosto, pero tampoco compra la idea de que el tiempo no importa o de que salir así nomás resolvería algo. Entre la presión por volver a trabajar, la necesidad de ordenar un negocio que cambió y la distancia que todavía persiste en la mesa, la pesca sigue detenida en un punto incómodo: todos dicen querer arrancar, pero nadie logra todavía escribir las condiciones bajo las cuales arrancar no termine siendo otro problema.

Autor: admin

Fuente: LA 17